Alineamos estructura, funciones, niveles de autoridad y responsabilidades para reducir duplicidades, vacíos y decisiones centralizadas.
Dos o más personas realizan tareas similares o creen tener la misma responsabilidad.
Existen vacíos porque no está claro quién debe responder.
Las decisiones regresan constantemente a dirección.
Los puestos evolucionaron sin redefinir funciones o niveles.
No siempre está claro quién dirige, supervisa o establece prioridades.
Las fronteras entre funciones y decisiones no están claramente definidas.
Organizamos áreas, puestos y niveles de acuerdo con las necesidades reales.
Definimos qué corresponde hacer a cada puesto y qué resultados se esperan.
Aclaramos qué puede decidir cada persona sin escalar innecesariamente.
Definimos quién supervisa, quién informa y cómo fluye la responsabilidad.
Aclaramos cómo deben relacionarse los equipos para evitar vacíos y duplicidades.
Definimos quién responde finalmente por cada proceso o resultado.
Cómo funciona actualmente la estructura.
Duplicidades, vacíos, dependencias y conflictos.
Una estructura alineada con la operación real.
Funciones, autoridad, reportes y responsabilidades.
Acompañamos al equipo durante la transición.
Cada persona entiende su función y alcance.
No todo necesita escalar a dirección.
Las actividades tienen responsables definidos.
Los equipos cuentan con límites y autoridad claros.
Cuando las responsabilidades están definidas, es más sencillo medir, dar seguimiento y fortalecer el liderazgo.
Una organización bien definida permite que las personas trabajen, decidan y respondan con mayor claridad y autonomía.